MIS PADRES, LA ARGENTINA Y YO.

 
 

Mis padres llegaron a la Argentina a mediados de 1908, de la mano del Barón Mauricio de Hirsch, y como resultado de la persecución antijudía implementada en la Rusia zarista

Formaban parte de un contingente integrado por ambas familias, más otros vecinos y habitantes de un pequeño poblado llamado lasher, en la provincia ucraniana de Jersón.

Se afincaron en el pueblo, aquí, en Basavilbaso, ya que no les agradaba la idea de vivir en la colonia y trataron, dentro de lo que les permitían sus todavía rudimentarios conocimientos del idioma y de las costumbres de esta nueva tierra, de buscar en el comercio o en algún oficio la forma de ganarse el pan de cada dia. Y así se hicieron sastres, peluqueros, carpinteros, albañiles y zapateros.

Quiero, entonces, ahora si, apelando a la memoria y esperando que no me juegue una mala pasada, referírme a la historia propia de mis padres, Adela Rullansky y Salomón Arcusin, A la historia que ellos mismos me contaron cuando yo era chico y que me quedó profundamente grabada.

Mi mamá vino con su madre viuda y cuatro hermanos, es decir un grupo familiar de seis personas, incluido en otro mayor de tíos y de prímos

Mi padre llegó con su madre y seis hermanos, ocho personas en total, también con una pléyade de parientes

Mis primeros recuerdos me llevan a la década del treinta, cuando yo ya podía entender lo que escuchaba y podía formular preguntas esperando respuestas. Así aprendí a conocer el lugar del que vinieron, casi como si hubiera estado ahí. Y también a entender el dolor de quién tiene que dejar su tierra porque lo echan, buscando en otra su nueva patría

Sé, por esas historias, que frente a dónde vivían cruzaba un arroyíto que en invierno se congelaba- Y que cuando ello sucedía se lo podía cruzar caminando. 0, si se era mas audaz, hacer en él un pozo en la búsqueda de un pescado.

Mis padres se casaron en el año 1921, y de su unión nacieron cuatro hijos, cuatro hermanos que hoy, felizmente, estamos vivos

Papá se dedicó al comercio, un almacén de comestibles, frutas y verduras, al que agregó también un surtidor de nafta, como forma de aumentar en algo los magros beneficios que se obtenían, y que apenas alcanzaban para mantener la família. Sobre todo al comenzar la década del '30, la de la crisis, en la que la miseria era total

De todas maneras, por sobre las dificultades, que fueron muchas, nos criaron y nos educaron, sobre todo en los principios de la ética y la moral, y así nos enseñaron a criar a nuestros hijos

Rubén Darío, el poeta nicaragüense, supo resumir en su "Canto a la Argentina", que yo aprendí en la escuela primaria y aún hoy puedo recitar de memoria, el sentimiento de amor de la Patria a sus nuevos hijos:

¡Argentina, región de la aurora! ¡Oh tierra abierta al sediento de libertad y de vida, dinámica y creadora!


¡Oh barca augusta de prora triunfante, de doradas velas! De allá de la bruma infiníta alzando la palma que agita, Te saluda el fiero Cristóbal, Príncipe de las Carabelas

Te abriste como una granada
Como una ubre te henchiste,
Como una espiga te erguiste
A toda raza congojada,
A toda humanidad triste,
A los errabundos y parias
Que bajo nubes contrarias
Van en busca del buen trabajo,
Del buen comer, M buen dormir,
De¡ techo para descansar
Y ver los niños reir,
Bajo el cual se sueña y bajo
El cual se piensa morir.

¡Argentina! ¡Argentina! ¡Argentina! El sonoro viento arrebata la gran voz de oroAse la fuerte diestra la bocina, Y el pulmón fuerte, bajo los cristales De¡ azul, que han vibrado, Lanza el grito: Oíd, mortales, Oí el grito sagrado.

 
 

Memorias de Jacobo Arcusin.

Septiembre de 2001

 
 
 
 

Agradecemos los (pocos) testimonios que pudimos rescatar, sobre todo el de Godofredo Siegler, quién desinteresadamente nos tia manifestado la historia que él conoce de sus padres y abuelos.

Colaboró en la redacción de esta reseña histórica Pablo Münter, pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata.